En cuanto empieza la temporada de fresas, una de las primeras cosas que hago es esta mermelada.
Está riquísima y en mi casa la tomamos casi todos los días en el desayuno con tostadas de pan y mantequilla.
En las últimas 4 semanas ya la he hecho tres veces porque a quien también la gusta muchísimo la mermelada es a la abuela de mi marido y la última vez que vino a casa se llevó un tarro que me quedaba. La verdad es que queda riquísima y cuando te acostumbras a estas mermeladas caseras, ya no quieres de las compradas. Eso le pasa a mis niñas y en cuanto va quedando poco, siempre me recuerdan que tenemos que hacer más. Ahora las apetece ésta y cuando vamos al super enseguida se acuerdan y me preguntan si tenemos que comprar fresas para hacer la mermelada.
Es una mermelada que suele quedar bastante líquida y a mí me gusta añadirle un par de hojas de gelatina hidratadas para que espese y que así quede justo en el punto de espesor que nos gusta.
¡Animaros a hacerla, os gustará!.